EL DRAGÓN QUE NO QUERÍA MIRARSE AL ESPEJO
En ésta mi segunda novela, el tema principal vuelve a repetirse... el viaje al otro lado del espejo... sin embargo en esta ocasión he dado un paso mas. En Al otro lado del espejo el viaje se realiza a nivel interior. Es el encuentro con la propia individualidad. En cambio, en El dragón que no quería mirarse al espejo es un viaje más internacional. Es el viaje al encuentro del otro. Personalmente, considero que sin el primero, es muy difícil -por no decir imposible- que el segundo pueda realizarse con facilidad. En otras palabras... si no conocemos nuestro propio territorio... nuestra propia oscuridad... ¿cómo vamos a ser capaces de descubrir y aceptar la del otro? Viaje importante donde los haya, ya que en él está la clave de las relaciones de pareja. Del amor. Que no del AMOR... Esa es harina de otro costal -harina que por supuesto, forma parte de la tercera novela-
Ésta es una novela que aún está en fase de construcción...
Narra la historia de Daniel y de María. Historia que refleja -o al menos lo intenta- el viaje que ha de realizarse para encontrar verdaderamente al otro. Como escribo en el Prólogo: El dragón que no quería mirarse al espejo no es una historia cualquiera, no. Es una historia de amor... o puede que no. Es una historia de desamor... o puede que no. Es una historia de dragones y princesas... puede que sí. Al viejo estilo de los cuentos de hadas se escribe esta historia. Sí, se escribe... porque la historia siempre se escribe sola. La vida nos atrapa cual araña en su tela y maneja nuestros hilos como si fuésemos títeres de un guiñol, de modo que ¿cómo podemos decir que el autor escribe? No amigos, no, la que escribe es la vida...
El hecho de novelar la historia es bien sencillo. Ya desde tiempos ancestrales, los pueblos han transmitido su sabiduría en forma de leyendas... y no es casualidad. Porque la información trasnmitida de esa manera llega directamente al alma. Al viejo estilo de los antiguos bardos de la cultura celta, el autor transforma la realidad en sueño para llegar mejor al corazón de los hombres, transmitiéndoles esperanza al alma y fuerza al brazo para continuar con la lucha.
Quien no ha escuchado alguna vez algo asï: Y llegó el príncipe montado en su hermoso caballo blanco -aunque en nuestros días, los príncipes se han modernizado y utilizan Lotus último modelo- a rescatar a la princesa -que también se ha modernizado y dejó hace tiempo de ser una ingenua doncellita- que estaba encerrada en su castillo. Postró su rodilla en el suelo y con voz trémula le preguntó: ¿Quieres casarte conmigo? Y la princesita muy feliz, gritó SIIII. Y colorín colorado este cuento se ha acabado... ¡Qué bonito! Lástima que la vida real no sea tan perfecta. ¿Que nos han engañado? ¿Que nos han vendido la moto para después ponernos la zancandilla y darnos el tortazo padre con la realidad? Quizás... Aunque quizás no del todo. La verdad es que no nos han engañado, simplemente nos han contado la mitad de la historia. En el mundo real, el final del cuento... es en realidad el principio. Si le quitamos la palabreja de FIN y en su lugar ponemos un hermoso CAPÍTULO I... quizás la perspectiva que tenemos sobre el amor cambie... Y ahí es donde quiero llegar con el dragonzuelo de ojos azules que no le daba la gana de mirarse al espejo....¿Te atreves tú a mirarte?
Ésta es una novela que aún está en fase de construcción...
Narra la historia de Daniel y de María. Historia que refleja -o al menos lo intenta- el viaje que ha de realizarse para encontrar verdaderamente al otro. Como escribo en el Prólogo: El dragón que no quería mirarse al espejo no es una historia cualquiera, no. Es una historia de amor... o puede que no. Es una historia de desamor... o puede que no. Es una historia de dragones y princesas... puede que sí. Al viejo estilo de los cuentos de hadas se escribe esta historia. Sí, se escribe... porque la historia siempre se escribe sola. La vida nos atrapa cual araña en su tela y maneja nuestros hilos como si fuésemos títeres de un guiñol, de modo que ¿cómo podemos decir que el autor escribe? No amigos, no, la que escribe es la vida...
El hecho de novelar la historia es bien sencillo. Ya desde tiempos ancestrales, los pueblos han transmitido su sabiduría en forma de leyendas... y no es casualidad. Porque la información trasnmitida de esa manera llega directamente al alma. Al viejo estilo de los antiguos bardos de la cultura celta, el autor transforma la realidad en sueño para llegar mejor al corazón de los hombres, transmitiéndoles esperanza al alma y fuerza al brazo para continuar con la lucha.
Quien no ha escuchado alguna vez algo asï: Y llegó el príncipe montado en su hermoso caballo blanco -aunque en nuestros días, los príncipes se han modernizado y utilizan Lotus último modelo- a rescatar a la princesa -que también se ha modernizado y dejó hace tiempo de ser una ingenua doncellita- que estaba encerrada en su castillo. Postró su rodilla en el suelo y con voz trémula le preguntó: ¿Quieres casarte conmigo? Y la princesita muy feliz, gritó SIIII. Y colorín colorado este cuento se ha acabado... ¡Qué bonito! Lástima que la vida real no sea tan perfecta. ¿Que nos han engañado? ¿Que nos han vendido la moto para después ponernos la zancandilla y darnos el tortazo padre con la realidad? Quizás... Aunque quizás no del todo. La verdad es que no nos han engañado, simplemente nos han contado la mitad de la historia. En el mundo real, el final del cuento... es en realidad el principio. Si le quitamos la palabreja de FIN y en su lugar ponemos un hermoso CAPÍTULO I... quizás la perspectiva que tenemos sobre el amor cambie... Y ahí es donde quiero llegar con el dragonzuelo de ojos azules que no le daba la gana de mirarse al espejo....¿Te atreves tú a mirarte?
4 comentarios
maika -
merche -
maika -
gracias
P.D. tienes razón... yo digo como Amenábar, que para que inventar historias si la vida ya te las da escritas...
merche -
No me contestaste sobre dónde podría encontrar tu libro, la editorial y demás. Te dejo mi correo. Gracias